martes, 13 de noviembre de 2007

Arquitectura colonial (la de la casa del obispo colombres)


Caracteres de nuestra arquitectura colonial
El panorama arquitectónico de la Argentina en tiempos de la dominación hispánica no puede compararse, por su riqueza, con el de otras regiones de América, que sustentan una verdadera tradición en ese aspecto del arte, como México y el Perú. Es sabido que los aborígenes que habitaban nuestro territorio a la llegada de los españoles, no se destacaron por su gran adelanto cultural y, en consecuencia, poco pudieron ofrecer en materia constructiva. Otro factor negativo en el lento proceso de gestación de nuestra arquitectura fueron razones de carácter económico y social. Durante largos años, Buenos Aires no pudo comerciar directamente con la metrópoli, aunque lo hacía con puertos de México, América Central y del Perú. Allí se realizaban ferias, en las cuales los comerciantes vendían sus productos y compraban los artículos que traían las bodegas de las naves españolas. Esas regiones se beneficiaron, pero no sucedió lo mismo con los territorios situados al sur del continente, como el Río de la Plata. Las mercancías destinadas a Buenos Aires, luego de cruzar el océano y llegar a la América Central, tenían que atravesar por tierra el istmo de Panamá, embarcar nuevamente hacia El Callao y desde allí partir en tropas de carretas o mulas hasta Potosí, para finalmente llegar a destino, luego de pasar por Jujuy, Salta y Córdoba. Las penurias que provocó el monopolio comercial, agravadas por la gran distancia que separaba a los dominios del Río de la Plata de la metrópoli, moldearon una sociedad sin grandes distinciones ni ostensibles privilegios. Si bien existía una diferencia de clases que encabezaban los españoles de linaje, éstos ejercían su predominio argumentando una aristocracia de sangre, más que en su fortuna. Las consecuencias de este proceso económico y social fueron visibles en materia arquitectónica. Puede afirmarse, en términos generales, que nuestro medio careció de adinerados señores, capaces de ordenar la construcción de suntuosas residencias, ni pudieron surgir ostentosos templos en medio de una sociedad humilde. Por otra parte, fueron muy pocos los arquitectos de mérito que arribaron del Viejo Mundo y salvo contadas excepciones, lo hicieron improvisados constructores que se dedicaron a una tarea de trasplante artístico con el recuerdo de los edificios que habían observado en lejanas tierras. Tarea riesgosa es precisar en forma académica un estilo de finido dentro de nuestra arquitectura colonial. Aunque como ya sabemos fue el barroco el que más se adaptó al nuevo ambiente, debe admitirse que existió un eclecticismo estético bastante notorio, con interpretaciones libres del renacimiento italiano, o bien aportes andaluces o lusitanos, sin descontar la mano de obra indígena en las estilizaciones de la flora y la fauna autóctonas . La arquitectura colonial de nuestro país presenta tres caracteres que la definen con bastante precisión y que pueden agruparse de la forma siguiente:
a) Sencillez y espontaneidad. En este aspecto, cabe afirmar que se observan construcciones de un primitivismo ingenuo y simplista, producto del operario aún no hábil, que con tenacidad e imaginación hubo de vencer numerosas dificultades, entre ellas la falta de herramientas y de materiales adecuados.
b) Barroquismo. Está presente en nuestro medio, aunque sus fantasías decorativas no alcanzaron la exuberante suntuosidad y la profusión ornamental de las construcciones levantadas en México o en el Perú. El barroco se advierte en los sobrios adornos de fachadas, particularmente de edificios religiosos, en las molduras de los campanarios y ornamentos de las cúpulas. La influencia del estilo churrigueresco se puede observar en los altares de algunas iglesias, con decoración naturalista.
c) Clasicismo. Inspirado en las líneas más simples del estilo renacimiento italiano del siglo XVI, está presente en los pórticos o galerías cubiertas, en las pilastras y en los frontispicios triangulares que decoran las fachadas de las iglesias. Nuestra arquitectura colonial respondió más que a una tradición en este aspecto del arte, a una necesidad del medio social. Los edificios fueron obras de contenido estético propio, a veces con cierta imagen de pesadez que estaba de acuerdo con el gusto de la época. No hubo lujo en las formas ni excesos decorativos en las fachadas y, en conjunto, las construcciones tienen sabor local, con líneas sencillas y elegantes que trasuntan sobriedad y exquisita nobleza.
Algunos términos empleados en arquitectura
Para facilitar la comprensión de nuestra arquitectura, es conveniente conocer el significado de ciertos términos propios de esa rama del arte. Seguidamente figuran algunos de los más comunes, relativos tanto al aspecto constructivo como al decorativo y que se citan en el presente trabajo.Abside: parte de una iglesia, generalmente de forma abovedada y semicircular, que sobresale en la fachada posterior. Adobe: masa de barro que puede tener forma de ladrillo. Ala: parte lateral de un edificio, que se extiende a un costado del cuerpo principal. Alarife: persona entendida en el arte de construir. Albañil. Almena: especie de prisma situado en la parte superior de una muralla, con vanos o espacios intermedios que se utilizaban para tirar contra el enemigo . Antepecho: baranda protectora de una plataforma o balcón. Muro que se construye en ciertos lugares —como azoteas— para evitar caídas. Arbotante: arco que se apoya por su extremo inferior en un contrafuerte —destinado a reforzar un muro— y por el superior contrarresta el empuje de algún arco o bóveda. Arcada: serie de arcos sostenidos por columnas. Arco: estructura que cubre la luz entre dos pilares. Arco de medio punto: el que consta de un semicírculo entero. Artesonado: techo adornado con variedad de tirantes o molduras. Atrio: patio de entrada en las casas de la antigua Roma. Posteriormente también recibió este nombre el espacio descubierto, cercado de pórticos, que figuran en la entrada de algunos edificios. Balaustrada: serie de columnas pequeñas (o balaustres) que descansan sobre un zócalo y soportan una baranda horizontal.Bóveda: techo de forma arqueada que cubre un espacio entre dos muros, o varios pilares. Bóveda en cañón: la que tiene forma de medio cilindro hueco. Campanario: torre de una iglesia, generalmente la parte más alta del edificio, en cuyo interior se cuelgan las campanas. Cancela: puerta de hierro labrada, en su mayoría sin vidrios, que separa el zaguán del patio principal. Capitel: parte superior de una columna. Cimborrio: cuerpo cilíndrico que sirve de base a una cúpula y en el cual se abren ventanas para la iluminación. Cimbra: armazón de madera destinado a sostener un arco, bóveda o cúpula durante su construcción. Claustro: pasaje cubierto de un patio interior, en un monasterio, cuyo techo está sostenido por columnas y arcadas. Columna: apoyo vertical que consta de base, fuste y capitel. Columna salomónica: es aquella en que el fuste tiene una decoración de forma helicoidal o retorcida. Columnata: serie de columnas de un edificio. Coronamiento: adorno que se coloca en la parte superior de un edificio. Crucería: nervios con forma de moldura que refuerzan y decoran el interior de las bóvedas. Crucero: espacio en que se cruzan las dos naves perpendiculares de una iglesia. Cúpula: bóveda semiesférica de planta circular, elíptica o poligonal. Cupulino: remate superior de la cúpula. Es sinónimo de linterna. Chapitel: terminación de una torre. Puede tener forma de cono o pirámide. Dintel: parte superior de las puertas y ventanas. Es un elemento horizontal destinado a soportar una carga. Dórico: primer orden de la arquitectura griega, cuya columna tiene un sencillo capitel y el friso adornado con triglifos y metopas. Dovela: ladrillo o piedra labrada con que se construyen los arcos y bóvedas. Entablamento: parte superior de un orden arquitectonico, formado —de abajo hacia arriba— por el arquitrabe, el friso y la cornisa. Espadaña: campanario formado por una sola pared, que tiene huecos donde se cuelgan las campanas. Estría: acanaladura hueca que se labra como decoración en las columnas o molduras. Extradós: superficie exterior, convexa de una bóveda o de un arco. Fachada: parte exterior y principal de un edificio. Es sinónimo del término " frente". Las otras caras de la construcción también reciben aquel nombre, pero es conveniente especificar. Ej.: "fachada lateral".Frontón: remate triangular de una fachada o pórtico . Fuste: cuerpo de una columna, comprendido entre la base y el capitel. Hornacina: nicho. Concavidad practicada en la pared, generalmente de forma semicilíndrica y que remata por un cuarto de esfera. Se utiliza para colocar elementos decorativos —estatuas, jarrones— y romper la monotonia de grandes extensiones de pared. Imafronte: en una iglesia, la fachada opuesta a la principal. Intradós: superficie interior (cóncava) de una bóveda o de un arco. Linterna: remate superior de una cúpula. Cupulino. Ménsula: adorno que se utiliza para sostener alguna cosa, por ejemplo, el piso de un balcón. Metopa: espacio entre dos triglifos, en el friso de estilo dórico. Nave: parte de una iglesia limitada por muros o columnas. Nave central: la nave principal de una iglesia. Nave de crucero: la que corta perpendicularmente a la nave principal de una iglesia. La intersección de ambas forma el Pilastra: columna cuadrada que sobresale ligeramente de una pared. Pináculo: pequeño adorno terminal de una fachada o de un muro cualquiera. Planta: dibujo de la distribución que forman sobre el terreno, los cimientos de un edificio. Pechina: cada uno de los cuatro triángulos curvilíneos que forma el anillo de la cúpula con los arcos sustentantes de una nave. Porche: atrio. Pórtico: galería con arcadas o columnas a lo largo de una fachada o patio. Retablo: obra de madera, piedra o mármol que compone la decoración de un altar. Tambor: muro cilindrico que sirve de base a una cúpula. Tímpano: espacio triangular comprendido entre las tres cornisas de un frontón. Toscano: orden arquitectónico romano, que consistió en una forma simplificada del dórico. Triglifo: adorno del friso del estilo dórico. Tiene forma de un rectángulo saliente que lleva labrados tres canales verticales.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Encontraron restos de vajilla inglesa de loza del siglo XIX en la Casa del Obispo Colombres


En la casa del Obispo Colombres se encontraron más piezas arqueológicas, informó la Municipalidad de esta capital.Durante las excavaciones efectuadas en el marco de los trabajos de revalorización del Museo de la Industria Azucarera Casa del Obispo Colombres se encontraron numerosos elementos antiguos, como retazos de vajilla de loza pintada a mano que datan de entre 1820 y 1840, según los resultados de los exámenes arqueológicos a que fueron sometidas las piezas. Algunas tienen relieves y otras son lisas. Las pintadas tienen paisajes diversos. Pudieron haber pertenecido a tazas, platos o fuentes. En muchas de ellas figuran los sellos de las fábricas británicas de donde provenía la vajilla. También se encontraron restos de piezas de porcelana que en algunos casos pertenecieron a la instalación eléctrica de la casa y en otros, a recipientes de laboratorio. Estas corresponden a comienzos del siglo XX, conforme los estudios arqueológicos. Asimismo, se hallaron cuchillos, machetes, un pico y otros objetos de metal y frascos y botellas de vidrio, todos propios del siglo XIX.En marzo se había descubierto un horno en el patio del solar. “Es el primer ejemplo de un esquema de producción de una fábrica de azúcar del siglo XIX”, explicó en esa oportunidad el arqueólogo Víctor Ataliva, miembro del Instituto de Arqueología y Museo de la UNT. Su colega Osvaldo Díaz dijo que se trataba de un horno “que se utilizaba en la cocción del jugo de la caña para la producción de azúcar”.También se halló la boca de entrada por donde se ingresaba el jugo y la boca de salida, por donde se extraía la ceniza. Además, dentro del horno estaba la paila original de hierro fundido donde se efectuaba la cocción.Todos estos elementos serán exhibidos al público cuando se inauguren las obras de restauración de la casa, ubicada en el parque 9 de Julio.
Galpón de trabajoEstos hallazgos obligaron a modificar el proyecto de restauración integral de la casona que perteneció al ilustre obispo. La Municipalidad informó que se recreará el galpón de trabajo -sitio donde se llevaba a cabo la cocción del azúcar- en el lugar donde se encontró el horno, en la zona este de la casa principal.El intendente, Domingo Amaya, destacó que la recuperación de monumentos históricos como la Casa del Obispo Colombres “es fundamental para el crecimiento de San Miguel de Tucumán y para festejar en 2016 un bicentenario vivo de nuestra historia”. Amaya resaltó que dentro del plan de trabajo de revalorización del solar se prioriza el cuidado de estos descubrimientos y la puesta en valor de todo el edificio. Se contrató un museógrafo, que clasificó los objetos que estaban expuestos y luego seleccionará las piezas que deben mantenerse conforme a la historia de la industria azucarera. Se pretende que el museo cuente la historia del obispo Eusebio Colombres, que fue un impulsor de la industria azucarera, iniciada mucho antes en la provincia por los jesuitas. Asimismo, se busca mostrar aspectos de esta actividad desde la óptica de los industriales, de los zafreros y del Estado. Además, se instalará una tienda para vender souvenirs, libros, afiches y otros objetos relacionados con la temática.Se estima que los trabajos concluirán en noviembre. Restan completar la cubierta de la casa, la parquización y la pintura